"El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro"
Alejandra Pizarnik
lunes, 25 de octubre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
Tarde lluviosa o una ocasión para pensar
Y mientras una lluvia poco copiosa baña la ventana de mi cuarto, recuerdo que tengo un blog y que cierta gente lo lee esperando que comparta algún contenido interesante con ellos. Así, y ante la falta total de creatividad o voluntad para escribir que me atraviesa, (y para acortar la espera hasta la publicación del algun cuento o verso libre de mi autoría) dejo al pequeño grupúsculo en compañia de uno de los capítulos más lindos de la mejor novela de lengua castellana, Rayuela.
Me retiro con la sensación de qué en dos meses la vida de una persona puede transformarse por completo. Afianzarse en el camino emprendido y ser feliz con ello es más de lo que merezco. Y me alegro de que así sea.
Adieu.
Salvador.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
Me retiro con la sensación de qué en dos meses la vida de una persona puede transformarse por completo. Afianzarse en el camino emprendido y ser feliz con ello es más de lo que merezco. Y me alegro de que así sea.
Adieu.
Salvador.
domingo, 20 de junio de 2010
Viejo, borracho y poeta
Estimados anónimos lectores:
Luego de una larga ausencia en este medio, la cuál sólo se puede entender desde mis zapatos como "saturación ocasionada por presiones de trabajo, estudio y más", digo presente nuevamente para otra reseña. Considerando el rumbo exclusivamente musical que estuvo tomando este espacio en su corta vida, decidi volver al ruedo con algo de literatura...
De un tiempo a esta parte, exceptuando los libros que siempre me acompañaron, empecé a frecuentar más a uno de esos escritores que la academia llama "máldito". No voy a negar que mi acercamiento a la prosa poética del autor que me convoca, fue inducido por un gran compañero de trabajo y amigo. A él, mis gracias.
Muchos comentarios envuelven la reputación de éste "maldito" de la literatura, desde borracho empedernido, hasta sensible y a la vez realista. No se equivocan.
En las novelas de Charles Bukowski abunda el vocabulario soez y crudo, predomina la temática sexual y filoalcohólica. Pero todos éstos, solo son elementos que acompañan a un relato de un sujeto al que la maravillosa sociedad norteamericana perfectamente funcional y en su apogeo, dejó a un lado. No le interesa formar una familia correcta. El American way of living "le escupe a la cara" (Tod y Rod's dixit). Es un cronista de realidades ásperas, pensamientos impuros y vivencias extremas que, sin prurito alguno, relata con una sencillez y belleza muy difícil de describir, pero muy fácil de aprehender.
Se puede creer, de hecho el “ambiente” de los literatos y críticos (a los que el mismo Bukowski detestaba, y lo expresaba a través de su alter ego Henry Chinaski) lo confirma, que este escritor y poeta de origen alemán es un continuador de los llamada “generación Beat”, entre cuyos representantes más emblemáticos se encuentran William Bourroughs, Allen Ginsberg y Jack Kerouac. Todos estos escritores comparten muchos elementos de su narrativa, tales como borrachos, prostitutas, y aquellos que quedaron al lado del camino, dándolo una voz en la literatura. Personajes silenciados y marginados de la historia oficial. El saldo es claro: en las escuelas y terciarios se lee al correcto Truman Capote (que por cierto era un muchacho bastante traumado). Bukowski o Hemingway son los olvidados, ocultados, porque no son precisamente la literatura que se quiera enseñar.
Leer a Bukowski es una grata experiencia, es apasionante. Uno comienza con una novela y es inevitable continuar leyéndolo. Su visión particular de la vida lo hace distinto. Sus poemas y novelas le quitan el velo de alta cultura del cuál se supo cubrir la poesía y literatura, cuándo en realidad, son canales de comunicación de experiencias, cosmovisiones y pensamientos de seres humanos de carne y hueso.
En “Factotum” expresa la penuria de sacrificar el alma y las pasiones para obtener un salario. “Cartero” abarca la etapa del trabajo asalariado mas prolongada (13 años) de la vida del ater ego de Bukowski, la cuál le impide escribir y que posteriormente sería inspiración de la novela que narra estos hechos con una crudeza y realismo profundos. Ya en “Mujeres”, que sigue cronológicamente la vida del escritor errante lo encuentra con relativa fama, con estabilidad económica producto de algunos escritos, Henry Chinaski puede dedicarse exclusivamente a escribir y a una de las principales obsesiones que atraviesan toda su carrera: el sexo. Del cuál es un narrador perfecto, sin ahorrarse las precisiones, no cae jamás en la postura de sacralizar al sexo y de subirlo a los pedestales como todo best seller hace. Conoce muy bien la diferencia entre sexo y amor…
Las arriba mencionadas son tres de sus mejores novelas, y merecen ser leídas en colectivos, pasillos de facultades, descansos del trabajo, entre otros imperfectos lugares, tan imperfectos como el escritor del que vengo hablando.
¿Una cita? Si, totalmente. Es la mejor manera de cerrar una entrada cuando ya no se puede o no se quiere decir más:
"Ese es el problema con la bebida, pensé, mientras me servía un trago. Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo."
Me retiro, con la esperanza de que algún paria se interese por lo que otro paria escribe. No pretendo ser crítico. Solamente, expreso sensaciones, experiencias y con ello, ir desatormentándome para siempre….
Salvador.
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