"El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro"

Alejandra Pizarnik

martes, 31 de agosto de 2010

Tarde lluviosa o una ocasión para pensar

Y mientras una lluvia poco copiosa baña la ventana de mi cuarto, recuerdo que tengo un blog y que cierta gente lo lee esperando que comparta algún contenido interesante con ellos. Así, y ante la falta total de creatividad o voluntad para escribir que me atraviesa, (y para acortar la espera hasta la publicación del algun cuento o verso libre de mi autoría) dejo al pequeño grupúsculo en compañia de uno de los capítulos más lindos de la mejor novela de lengua castellana, Rayuela.




Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Me retiro con la sensación de qué en dos meses la vida de una persona puede transformarse por completo. Afianzarse en el camino emprendido y ser feliz con ello es más de lo que merezco. Y me alegro de que así sea.

Adieu.

Salvador.