"El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro"

Alejandra Pizarnik

viernes, 19 de febrero de 2010

La delgada línea entre ficción y realidad


La ficción…


“La cosa tuvo su origen allá por mediado de 1960, período en que se llevaron a cabo las purgas que dieron cuenta para siempre de los primeros dirigentes de la Revolución. Para mi 1970 no quedaba ninguno de ellos, con excepción del Hermano Grande. Los demás fueron acusados de traidores y reaccionarios. Goldstein huyó para refugiarse nadie sabía donde; de los otros, unos desaparecieron sin más trámites, en tanto los restantes fueron ejecutados luego de un espectacular juicio político en el curso del cual confesaron ampliamente sus culpas. Entre los últimos sobrevivientes se encontraban tres sujetos: Jones, Aaronson y Rutherford. Fue quizás en 1965 cuando se encarceló a los tres citados. Tal como solía ocurrir con frecuencia, se comenzó por hacerlos desaparecer por espacio de un par de años sin que nadie supiera más de ellos, hasta que un buen día volvieron a aparecer para confesar sus delitos, según el procedimiento en boga. Confesaron los tres haber entrado en relaciones con una potencia enemiga (Eurasia, por aquellos tiempos), a más de haber incurrido en malversación de fondos, asesinatos de varios miembros del Partido, solapadas maniobras para socavar el prestigio del Hermano Grande, iniciadas ya antes que estallara la Revolución, y actos de sabotaje a consecuencia de los cuales perdieron la vida centenares de miles de personas. Luego de confesar ampliamente, fueron indultados y reintegrados al Partido en cargo de aparente significación, pero no pasaban de ser otras tantas canonjías. Los tres escribieron en el Times extensos artículos en términos de los más abyectos, explicando los motivos que determinaron su defección partidaria y con reiterados propósitos de enmienda para el porvenir.”
                                                                                         Fragmento de "1984" de Orwell


La realidad…

 “El 1 de diciembre de 1934, Kírov fue asesinado por Leonid Nikoláyev en Leningrado. La dirigencia del Estado soviético declaró que Nikoláyev había sido apoyado por Trotsky desde el exilio. Esto dio comienzo a una purga generalizada, con cientos de ejecuciones, encarcelamientos y reclusiones en campos de concentración, acusando al bloque trotskista-zinovievista de estar organizando una extensa conspiración con el objetivo de tomar el poder en la URSS. Como parte de este proceso, Kámenev y Zinóviev fueron sometidos a juicio público y, tras "confesar" sus crímenes (confesión que según algunos habría sido producto de tortura), fueron ejecutados en 1936. Con mecanismos similares, en menos de dos años terminaría siendo ejecutada la mayoría de los miembros del Comité Central bolchevique que había dirigido la Revolución de Octubre, mientras Trotsky sería asesinado en agosto de 1940 por un agente estalinista.”


 A veces la ficción alberga implícitamente dejos de realidad. Pero aún así, es ficción. Los tales Jones, Aaronson, y Rutherford pueden haber sido obligados a confesar delitos de los cuáles eran inocentes. Pueden haber sido torturados y muertos, pero en los libros. Kírov, Kámenev, y Zinóviev, y más tarde Trotsky, murieron en la realidad. Los crímenes del Hermano Grande quedan en estériles páginas. La sangre derramada por los asesinatos y  purgas por millones de Stalin y sus burócratas fue real. Al menos en la ficción, Goldstein, (el revolucionario exiliado que combate al Hermano Grande), sobrevive. No así Trotsky.


¿Habrá querido el autor inconcientemente dar vida a Trotsky con otro nombre en una de sus novelas? 
Quién sabe…


Dedicada al compañero Matías. 
Saludos.
Salvador.